«Ha sido una prueba de madurez grande», dice la joven directora que conoce el podio del Auditorio de León, al que se ha subido cuatro veces, «esta será la primera que dirija una composición mía». La pieza, de 12 minutos de duración, se ha escrito para la ocasión, aprovechando la plantilla de intérpretes que se sucederán durante el concierto: orquesta de cuerda pequeña, dos pianos –uno a cuatro manos–, soprano, mezzo, coro mixto y guzheng, «este instrumento tiñe de orientalismo toda la obra».

 

«Comienza con una introducción que da paso a un tiempo de pasadoble y otro de rumba», explica quien se confiesa muy bailona. «Desemboca luego en el declamado de la soprano solista, que canta apenada y sin aliciente vital. Durante su aria, un coro de filósofos trata de convencerla con frases rotundas de que se equivoca en sus palabras. La siguiente sección trata de lo mismo con una mezzo y el acompañamiento instrumental es distinto, más oriental. De repente una voz omnipotente las cautiva y acaban reconociendo que el peor de los males es perder al esperanza. Suben junto al coro y cantan un apoteósico final». Georgina se ha ido creciendo con la obra y ha descubierto que le daría para una ópera, «no descarto hacer una versión operística más adelante».

 

Organizado por el Instituto Confucio, la Universidad y el Ayuntamiento de León, la Fundación Eutherpe y la Asociación Sofcaple, el encargo le ha llevado a sumergirse en la conexión entre dos culturas «completamente opuestas, fusionar el contraste entre lo español y lo chino ha sido lo más interesante de este trabajo». Sánchez Torres ha contado con la colaboración del maestro de capilla de la catedral de León, Samuel Rubio, dirigiendo un coro de 24 voces que darán vida a los filósofos. La intérprete estrenó una composición para chelo y clarinete con su compañero de dúo Gil Ortiz (Dúo Santor-Girlort) en el último recital que dio en Valladolid, en 2011. Un año después el dúo ganó el premio de cámara del concurso Saverio Mercadante de Noci (Italia).

 

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